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Moreira. Gestión social y calidad de vida en organizaciones de economía
I. INTRODUCCIÓN
La economía social y solidaria, ampliamente
reconocida por su carácter inclusivo y su capacidad
para promover el desarrollo sostenible, tiene
sus raíces históricas en el cooperativismo, con
el emblemático caso de Rochdale en 1848. Este
modelo organizativo, basado en principios como
la solidaridad, la cooperación y la reciprocidad,
ha evolucionado y se ha fortalecido gracias a
los aportes de numerosos estudiosos. Entre
ellos, Fermín Bertossi destaca en su análisis
del cooperativismo inicial, su relevancia en la
construcción de un sistema económico centrado en
las personas (Bertossi, 2015).
En el contexto latinoamericano, la economía
popular y solidaria (EPS) emerge como una
alternativa frente a los modelos económicos
tradicionales, promoviendo el buen vivir y la
armonía con la naturaleza. Según Quiroz y Zárate
(2023), la EPS busca satisfacer las necesidades de
sus miembros a través de procesos autogestionados
y solidarios que priorizan el bienestar comunitario
por encima de la acumulación de capital. En
Ecuador, este modelo se manifiesta en sectores
como el cooperativo, asociativo y comunitario,
donde las organizaciones trabajan para mejorar
la calidad de vida de sus integrantes, tal como lo
analiza Guadalupe Sánchez et al. (2022).
La gestión social, entendida como un proceso que
involucra la planificación, organización y ejecución
de actividades para mejorar las condiciones de
vida de las comunidades, es de gran importancia
en el estudio del desarrollo social contemporáneo.
López (2016) considera que la gestión es un arte
que implica la realización efectiva de acciones
encaminadas a alcanzar metas de manera efectiva.
En este contexto, Beaumont (2016) enfatiza la
gestión social como la creación de espacios que
fomentan la interacción y participación social,
enfocándose en proyectos dirigidos a mejorar la
calidad de vida en las comunidades. Por su parte,
Lara et al. (2020) enfatizan la importancia de la
gestión social como herramienta estratégica para
el cambio social, ya que promueve la construcción
de vínculos institucionales y relaciones
interpersonales conducentes a la cohesión social.
Diversos estudios, como el de García et al.
(2018) sostienen que una gestión social eficaz
promueve la participación activa y equitativa
de todos los miembros de la comunidad, crea un
ambiente de confianza y respeto y promueve el
desarrollo de habilidades y el bienestar colectivo.
En este sentido, la gestión social se convierte en un
factor clave para mejorar aspectos fundamentales
como la salud, la educación, la equidad económica
y las relaciones sociales (Ramírez y López, 2019).
Cusme et al. (2024) señalaron que la calidad
de vida está estrechamente relacionada con la
gestión social, por tanto, las decisiones en este
ámbito inciden directamente en el bienestar de los
individuos y las comunidades, para así mejor su
acceso a recursos y oportunidades.
Autores como Smith y Rodríguez (2017) señalan
que la calidad de vida es un concepto integral que
abarca tanto aspectos materiales como inmateriales
y se ve afectado por factores sociales, económicos
y culturales. Según Castillo y López (2022), la
calidad de vida no es solo un estado de bienestar
sino también un proceso dinámico que requiere
un análisis profundo de los diferentes factores que
influyen en él. En este marco, las organizaciones
de Economía Popular Solidaria (EPS) juegan
un papel vital en la mejora de la calidad de vida,
especialmente en las zonas rurales desfavorecidas,
como lo ejemplifica la Ley Orgánica de Economía
Popular Solidaria (2011).
II. MATERIALES Y MÉTODOS
La investigación se desarrolló en la Asociación
de Productores de Caña de Azúcar (I.N.P.A.G.U.A),
ubicada en el cantón Junín, el estudio se centró
en dos variables principales: la gestión social y
la calidad de vida. La población de estudio está
compuesta por los 52 socios de la asociación, y
al ser un grupo finito, no se realizó muestreo. El
enfoque de la investigación es mixto, se combinó
métodos cualitativos y cuantitativos. El enfoque
cualitativo permitió explorar las experiencias y
opiniones subjetivas de los miembros sobre la
gestión social y la calidad de vida, mientras que el
enfoque cuantitativo se medió de manera objetiva
el impacto de factores como la salud, la educación
y el empleo. Además, se realizó una investigación
bibliográfica para identificar documentos
relevantes y una investigación de campo para
recopilar datos sobre las percepciones y vivencias