Volumen 19, Número 50, Enero-Abril 2026, pp. 01 - 16
una estructura laboral profundamente desigual,
I. INTRODUCCIÓN
en la que las oportunidades y condiciones de
empleo se distribuyen de manera inequitativa
según el género. Como señala Strober (2001), los
hombres tienden a concentrarse en sectores como
la ingeniería, las finanzas y la tecnología, mientras
que las mujeres se agrupan en ocupaciones
asociadas al cuidado y la enseñanza, revelando una
clara división sexual del trabajo.
En el Ecuador, la incorporación de las mujeres
al mercado laboral ha sido un tema ampliamente
debatido debido a la persistencia de discriminación
y desigualdad de género, factores que dificultan
su acceso a actividades históricamente asociadas
con el género masculino. Estas dinámicas reflejan
una división asimétrica en la representación
de hombres y mujeres en sectores económicos
específicos.
La estructura ocupacional presenta una marcada
segregación, en la medida en que ciertos sectores
están predominantemente ocupados por uno de los
géneros. Así, profesiones vinculadas a la enseñanza
La segmentación ocupacional basada en el
género constituye un fenómeno ampliamente
estudiado en el ámbito laboral, ya que refleja
desigualdades estructurales persistentes. Este
fenómeno se ha analizado desde distintas
perspectivas teóricas, buscando comprender las
disparidades en la distribución de hombres y
mujeres en diversas ocupaciones. En este contexto,
la segmentación laboral se entiende como la
división del mercado en subgrupos diferenciados
según características específicas, como género o
función económica (Fernández Robín & Aqueveque
Torres, 2001).
y
los cuidados —históricamente feminizadas—
contrastan con aquellas ocupaciones técnico-
operativas comerciales donde predomina la
o
participación masculina. Esta división no responde
únicamente a las preferencias individuales, sino que
está fuertemente condicionada por construcciones
culturales que asocian determinadas habilidades
o disposiciones con un género específico. Los
estereotipos de género, internalizados socialmente,
moldean la percepción sobre qué trabajos son
“apropiados” para mujeres u hombres, lo que
incide directamente en su acceso, permanencia y
desarrollo en el mercado laboral.
Wainerman (1996), se encuentra dentro de
las autoras que han destacado en el abordaje
de la segmentación ocupacional. En un trabajo
de 1996 ligado a la participación de las mujeres
en Argentina, la autora argumentaba que, la
diferenciación no solo se debía a la división sexual
del trabajo, sino que era un problema estructural
más amplio dentro de la economía. Según la
autora, los empleos tradicionalmente considerados
“femeninos” suelen estar subvalorados tanto en
términos salariales como de estatus, mientras que
los asociados al género masculino tienden a ser
mejor remunerados y socialmente reconocidos.
Dentro del análisis de la segmentación
ocupacional, la teoría económica feminista
distingue entre segregación horizontal y vertical.
La primera, que constituye el foco del presente
estudio, se refiere a la concentración de mujeres
en ciertas ocupaciones, frecuentemente de menor
prestigio o remuneración, independientemente de
las oportunidades de ascenso. La segunda alude
a la limitada presencia femenina en los niveles
jerárquicos superiores o en cargos de toma de
decisión, incluso dentro de sectores feminizados
(Esquivel, 2016). Ambas formas de segregación
operan de manera interrelacionada, configurando
barreras estructurales que obstaculizan la
participación plena de las mujeres en el ámbito
laboral.
La
segmentación
ocupacional:
una
aproximación desde la Teoría Económica
Feminista
Desde la perspectiva de la teoría económica
feminista, la segmentación ocupacional por género
se sostiene mediante una serie de mecanismos
estructurales y simbólicos, entre los cuales destacan
los estereotipos de género, la discriminación en
los procesos de contratación y ascenso, así como
la persistencia de los roles tradicionales asignados
a mujeres y hombres. Estos elementos configuran
Las implicaciones de esta segmentación son
múltiples y profundas. Entre ellas, destaca la
persistente desigualdad en el acceso a empleos
bien remunerados y con posibilidades de desarrollo
profesional.
La
segmentación
contribuye
directamente
a
la brecha salarial de género,
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